Entre el realismo y la magia: un paseo por la Cartagena de Gabo. María Silvia Trigo* E n Colombia hay un García Márquez que le hace


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1 N 638 Tarija, 22 de abril de 2018 Entre el realismo y la magia: un paseo por la Cartagena de Gabo María Silvia Trigo* E n Colombia hay un García Márquez que le hace más a los números que a las letras. Jaime, el hermano menor y ahijado de bautizo de Gabito (como el mismo le llama), es un ingeniero retirado que vive en Cartagena de Indias a la sombra de las escenas que aparecen en El amor en los tiempos del cólera y Del amor y otros demonios. Es un atardecer de marzo y Jaime está sentado, con las piernas cruzadas, en uno de los sillones de la Fundación Para el Nuevo Periodismo Iberoamericano frente a un grupo de periodistas latinoamericanos. Viste de blanco de pies a cabeza: mocasines recién lustrados, calcetines estirados hasta media pantorrilla, pantalón y camisa de lino con las mangas remangadas. Cuando terminan de presentarlo, se levanta para encabezar el recorrido por la ciudad amurallada que su hermano amó, en la que se hizo periodista y a la que volvió escenario, con nombre propio, de dos de sus novelas. Antes de contar el idilio de Gabito con Cartagena, Jaime advierte que la peste del olvido lo está por agarrar y que hay muchas cosas que ya no recuerda. Éramos once hermanos, yo soy el quinto o sexto de abajo para arriba, pero no estoy seguro porque esa contabilidad nunca la he hecho, confiesa con humor. La caminata inicia en la calle San Juan, frente a una casa blanca de dos pisos que en 1948 fue la redacción del diario El Universal, donde Gabriel García En esa ciudad, Gabriel García Márquez incursionó en el periodismo y escenificó dos de sus novelas. Su hermano Jaime muestra los sitios icónicos en la vida del escritor Márquez, que acababa de abandonar la carrera de Derecho en Bogotá, adquirió el pulso de un escritor. En mayo de ese año, Gabo publicó su primer reportaje Los habitantes de la ciudad y con él despegó una de las carreras periodísticas más importantes de América Latina. El hombre que hizo del reportaje una pieza de literatura, terminaba sus jornadas laborales en un bar. Jaime muestra el lugar donde había una bodega a la que Gabo y sus colegas iban después del cierre de cada edición. Confiesa que muchas de las historias plasmadas en las novelas están inspiradas en las conversaciones que corrían, entre ron y ron, en aquel local de la plaza San Pedro. Gabito le sacaba el jugo a los cuentos de sus amigos y tomaba notas de ellos, ahí comenzó a calentársele el brazo, recuerda Jaime. Mientras avanzamos por las calles estrechas y coloridas del centro cartagenero, algunos guías de turismo lo señalan al pasar: el señor de blanco que está allá es el hermano de Gabriel García Márquez, y no falta quien que se acerca unos pasos para tomarle discretamente una foto. El rastro en la memoria A los 77 años, a Jaime lo persigue el olvido y cuando no recuerda algún dato relevante dice con la mirada pícara de un niño que sigamos avanzando mientras él le busca la quinta pata al gato, y así saltamos de tema en tema, de cuadra en cuadra. Pero el odio y el amor fijan memorias que el olvido no puede arrastrar. Jaime siempre recordará la vez que Mario Vargas Llosa golpeó a su hermano, y no dejará de enfurecerse cada vez que le vuelva a la memoria. Tampoco olvidará el día en que se enteró que su hermano había ganado el premio Nobel de Literatura en 1982: era temprano por la mañana y él iba caminando por la calle cuando un vehículo frenó de golpe, dio retro y el conductor me dijo mira lo que están diciendo de tu hermano y me mostró un periódico en el que decía que Gabito había ganado el Nobel... yo quedé turulato, relata con una emoción tan grande que pareciera que acaban de darle la noticia. Una noche con Woody Allen Gabriel era 13 años mayor que Jaime, que había nacido con apenas seis meses, y era su padrino de bautizo. Cuando Jaime era pequeño, Gabo dejó la De La Revista Difusión N: 1. de la División de Extensión Universitaria JUAN MISAEL SARACHO ( ) Han transcurrido muchos días desde aquel en que se cumplieron cien años del nacimiento de uno de los más esclarecidos personajes tarijeños y de los más eminentes ciudadanos de Bolivia: el doctor Juan Misael Saracho. Ese centenario debió haberse celebrado en toda la República con todo el realce con que los pueblos suelen patentizar su justo reconocimiento a los hombres que laboraron arduamente por su engrandecimiento y su cultura. Entre los pueblos bolivianos ninguno estaba más llamado a magnificar esa fecha, desplegando el caudal de su emotividad, de su entusiasmo y ardor cívico, que esta tierra que es la del nacimiento del prócer y la que nutrió los sueños de su infancia y tempranamente acicaló su espíritu con las virtudes que habían de caracterizarlo en toda la trayectoria de su vida. Y en Tarija, correspondía, ante todo a la Universidad Juan Misael Saracho consagrar un homenaje fervoroso y un recuerdo emocionado a aquel cuyo nombre tomo ella como egida y como lábaro para desenvolver su acción educativa inspirándose en el ejemplo del gran educador tarijeño. Desafortunadamente, acontecimiento de tanta significación y trascendencia pasó casi inadvertido para el público, embargado por las preocupaciones políticas y económicas en que se debatía el país. La Universidad, entretanto, en pleno período de vacaciones y cuando la dispersión de profesores y alumnos hacía casi imposible la realización de actos académicos que revistieran la jerarquía deseable, vióse obligada a dejar transcurrir en silencio esa fecha, postergando su homenaje para la García Márquez casa familiar y se fue a Bogotá, luego a Cartagena y más allá. Pero la vida los volvió a encontrar en muchos lugares. Uno de ellos fue Nueva York, a donde Gabo los invitó a él y a su esposa a una cena en la que estaría Woody Allen, de quien Jaime se considera un hincha furibundo y por quien venció su pánico a volar, luego de tomarse un par de tragos contra la cobardía. De esa noche recuerda que llevaba una cámara fotográfica con él pero no se atrevió a utilizarla porque a Gabriel no le gustaban las fotos. Ya en casa, le había contado que no los fotografió porque temía que se molestaran. Pues claro que yo te hubiera reprochado, pero al menos ya teníamos la foto con Woody, le había dicho Gabo entre risas. Las anécdotas de la vida real y la ficción terminan de noche en un café cerca de la Torre del Reloj, donde un perro rabioso mordió a Sierva María de Todos los Ángeles y comenzó en la imaginación de Gabo, Del amor y otros demonios. A lo largo de la noche, Jaime dice varias veces que él es el único García Márquez al que no le gusta escribir y el único que prefiere los números. Sin embargo tiene una habilidad narrativa que no pasa desapercibida. Cuando se le hace el comentario, antes de la despedida, dice con humildad: yo no escribo ni cartas de amor, pero mi mamá decía que las hablo. *Este texto se publicó originalmente en la revista Brújula del periódico El Deber Pasa a la Pág. 3

2 2 Cántaro Tarija... Apuntes Históricos de Jesús Miguel Molina Gareca XIV. 12 de noviembre de 1879, Batalla de Canchas Blancas, gloria tarijeña (GUERRA DEL PACÍFICO) El mes de noviembre d e b i e r a significar para Tarija, alegrías similares, o mayores, a las que nos proporciona abril. Pues este mes de noviembre significó para nuestros antepasados alegrías y esfuerzos grandemente coronados; de una de estas alegrías es que tratamos en este cometido. Nov., 12 de El Regimiento Ayacucho : el Méndez y el Granaderos de Tarija, al mando de sus jefes Lino Morales, Miguel Estenssoro, Justo Villegas y Mariano Colodro, libran la batalla de Canchas Blancas que, según otro ilustre militar tarijeño, el Coronel Epifanio Apodaca, evitó el ingreso de las tropas chilenas a Potosí. Dicha acción de armas constituyó, pues, una de las más importantes de la guerra del Pacífico y merece recordarse. (1) Así anota Octavio en su obra Calendario Histórico de Tarija, la olvidada Batalla de Canchas Blancas : gloria del ejército boliviano escrita con letras de sangre chapaca. Existe un silencio llamativo en los textos oficiales, y aquellos que no lo son, sobre la Guerra del Pacífico con respecto al acontecimiento del 12 de noviembre de Por información confirmada, lo sucedido en Canchas Blancas no es siquiera mencionado en el Diario de la Campaña de la Quinta División escrito por Manuel V. Alba. Tampoco el propio Narciso Campero, Comandante de la División, menciona lo de Canchas Blancas en su carta, ampliamente difundida, de 23 de noviembre firmada en Tomave, 11 días después del hecho; esto es algo que el paso del tiempo seguramente absolverá. Sin embargo de lo anterior, se menciona a Canchas Blancas en otros textos, así por ejemplo: Se sabe que el General Campero, con la 5ta. División ya se encuentra en Santiago de Lipez, avanzando sobre el enemigo. Se le ha ordenado que sin pérdida de tiempo avance sobre Canchas Blancas que se teme sea ocupada por los chilenos y que vaya costeando la cordillera de Guatacondo con apariencias de marchar a Calama. (2) Esta información que consigna en el Diario de la Campaña del Ejército Bolivia, Vicente Ochoa, es registrada el 29 de julio, cuando la dicha 5ta. División todavía estaba por reunirse completamente en el pueblo de Santiago de Cotagaita. Sobre el accionar de esta 5ta. División se ha escrito mucho, por lo que no será este espacio el que vuelva sobre esos temas, mas como es de la 5ta. División que se desprenden los protagonistas de la batalla de Canchas Blancas : anotaremos lo siguiente: la dicha División se conformó entre los meses de marzo y junio de 1879, inicialmente sus cuerpos integrantes fueron: Batallón Bustillos, de Potosí, con 500 plazas; Batallón Chorolque con 500 plazas, de Chichas, Cinti y Tarija; Batallón Tarija, con 300 plazas, de Tarija y el Escuadrón Méndez con 150 plazas de caballería, de San Lorenzo. (3) Posteriormente la 5a. División sienta cuartel en Cotagaita el 4 de agosto y queda conformada de la siguiente manera: Comandante:...Gral. Narciso Campero (tarijeño) Jefe Estado Mayor:.. Cnl. Epifanía Apodaca (tarijeño) Comisario:...Manuel V. Alba Jefe Hospital...Dr. Evaristo Casasola (tarijeño) Batallón Ayacucho Comandante:...Cnl. Lino Morales (tarijeño) Sub Comandante:... Cnl. Teodoro Villalpando Batallón Chorolque: Comandante:...Cnl. Juan Bautista Ayoroa Sub Comandante:...Cnl. Andrés Rivas Batallón Bustillos Comandante:...Cnl. Francisco Benavente Sub Comandante:... Cnl. Nicanor Hurtado Batallón Tarija (Granaderos de la Guardia) Comandante:...Cnl. Miguel Estenssoro (tarijeño) Sub Comandante:...Cnl. J. Galleguillos Cossio Escuadrón Méndez Comandante: Sub Comandante... Cnl. Justo Villegas Sub Comandante:... Cnl. Mariano Colodro (tarijeño) La 5ta. División completa definitivamente su estructura en Oruro y La Paz, el año 1880, jornadas previas a su marcha al Perú para enfrentarse con ropas chilenas en la decisiva batalla del Alto de la Alianza, bajo comando de Narciso Campero, siendo el Batallón Tarija el primero en atacar a la cabeza del sobresaliente, por otras mil razones más, Cnl. Miguel Estenssoro. Volviendo a noviembre de Narciso Campero después de establecer su cuartel en Cotagaita y tras tres meses de estar en dicha población toma rumbo a San Cristóbal de los Lipez, a donde llega el 20 de octubre, en vista de su realidad y su logística decide retornar a Tomave; sin embargo encontramos lo siguiente anotado en la obra de Eufronio Viscarra: Al salir de San Cristóbal el 6 de noviembre, el general Campero, ordenó que quedasen en dicho lugar el batallón Ayacucho y el escuadrón Méndez bajo las órdenes del coronel Apodaca. (4) Esta información proporcionada por Viscarra nos da elementos de juicio valiosos, justamente los dos destacamentos que quedan en San Cristóbal, son los conformados por Comandos y tropas tarijeñas que serían quienes se enfrentarían con las fuerzas chilenas el 12 de noviembre, o sea 6 días después de que Campero decidiera su repliegue a Tomave. Victoria tarijeña en Canchas Blancas En los primeros días del mes de noviembre de 1879, se tenía noticias con firmadas que hombres del ejército chileno avanzaban hacia Potosí. Conocido el desplazamiento chileno, las tropas bolivianas compuestas por los que quedaron de los batallones Ayacucho, Chorolque, Tarija y Escuadrón Méndez, maniobraron en dirección de Canchas Blancas, en busca del enemigo, guiados por campesinos. La primera patrulla chilena llegada hasta la aguada proveniente de una quebrada cerca de las elevaciones ocupadas por las tropas bolivianas, al mando del coronel Lino Morales, después de haber explorado la región, sin advertir que los bolivianos se encontraban ocultos y mimetizados observando sus movimientos, vuelven con la posible seguridad de tratarse de un campo tranquilo y desierto. Al avanzar los efectivos chilenos con sus tres armas (Artillería Caballería Infantería) después del reconocimiento de su patrulla, los vigías indios hacen una demostración maravillosa del servicio e informaciones, transmitiendo por señas el acercamiento de las tropas invasoras. Los chilenos al sentir la humedad de la aguada, se precipitan en forma desordenada para saciar su sed, llegando en momentos a ser atropellados por sus propios caballos. Las fuerzas bolivianas aprovechan la confusión para atacar con fuego nutrido y los indios que actuaban en la retaguardia del enemigo hacen llegar una lluvia de piedras lanzadas por sus hondas, poniendo en grave situación al Comando enemigo. En una hora de combate, entre 8 y 9 de la noche del 12 de noviembre, caen aproximadamente 700 chilenos, y los demás se retiran en precipitada fuga. Las tropas bolivianas que los persiguen hasta el día siguiente regresan después de dar fin con el último invasor, apoderándose de su armamento, caballada y vituallas. (5) Hemos preferido transcribir en su integridad el documento elaborado por el Comité Pro Festejos de la Batalla de Canchas Blancas, presidido por el que fuera destacado investigador del conflicto del Pacífico, Gastón Velasco Crespo, y que entre otros miembros tuviera al tarijeño René Pantoja Estenssoro. Así, de esta manera, la batalla de Canchas Blancas, se convierte en una de las pocas victorias logradas por Bolivia en su historia militar y en un hecho que la historia oficial ha preferido ignorar y negar, sin conocer hasta el momento por lo menos quien esto escribe el justo motivo. Sin embargo se puede afirmar que la epopeya de Canchas Blancas, fue deliberadamente ignorada puesto que días más tarde al enfrentamiento de las fuerzas tarijeñas contra las tropas chilenas se produjo el enfrentamiento llamado de Tambillos, en el que el Cnl. Rufino Carrasco comandó el ataque contra una patrulla chilena, siendo vencedoras las fuerzas de Carrasco, entre los que se contaban varios tarijeños, M. Colodro por ejemplo, sin embargo se otorgó todo el crédito de la victoria a Carrasco y el dicho enfrentamiento fue ampliamente publicitado, incluso ya en tiempos relativamente modernos se hizo una película, dejando de lado una actuación mayor Canchas Blancas que tuvo resultados superiores a lo alcanzado en Tambillos, sin desmerecerla por supuesto. De todas maneras hemos querido recordar la gloria de Lino Morales, nacido en San Lorenzo, y aquellas tropas tarijeñas que un 12 de noviembre de 1879 enfrentaron a tropas chilenas venciéndolas y logrando con ello evitar el plan chileno de invadir Potosí, como lo apuntó Epifanio Apodaca, que fuera Sub Comandante de la denominada División Perdida o también Hijos del Desierto (la 5ta. División). Sobre el batallón Tarija y el Coronel Lino Morales, un apunte gráfico: la biblioteca municipal Tomás d Arlach, tiene en el primer caso una fotografía histórica y en el segundo caso un retrato. También con respecto a la participación del Batallón Tarija una nota final: cerca las 5 de la tarde de aquel 26 de mayo, batalla en el Alto de la Alianza mandó el General Campero se toque la retirada y mientras las tropas de los restantes batallones se replegaban, las pertenecientes al batallón Tarija y al Escuadrón Méndez, a excepción de contados soldados, no respondieron el llamado pues la mayoría había ofrendado ya su vida. Tres días más tarde, de la dicha batalla, el Comisario que fuera de la 5ta. División anota en el diario: el centro de las tropas en retirada estaba distribuido convenientemente pero en desorden, por la mezcla de soldados de los demás cuerpos, siendo de notar que entre ellos, se veían muy pocos, casi raros a los del Chorolque y Tarija: los más quedaron en el campo de batalla... (6) (I) (II) (IV) Cnel. Lino Morales de los Reyes Croquis de la Batalla de Canchas Blancas Formación de la 5º División, conformado por tarijeños

3 Cántaro 3 Viene de la Página. 1 primera oportunidad que se le presentara, que es precisamente esta solemne de la inauguración de su año lectivo. Ha querido, pues, que en él se exteriorizara el sentimiento de veneración y gratitud que catedráticos y alumnos, unánimemente, profesan a la egregia figura de Saracho, iniciándose, con esta breve disertación que me ha sido encomendada, la serie de actuaciones académicas destinadas a honrar su memoria. Procuraré esbozar, siquiera, los rasgos más salientes de su personalidad y de su obra. Nacido en esta ciudad, el 27 de enero de 1857, cursó en ella sus estudios de primaria y de secundaria, destacándose entre sus condiscípulos por su claro talento y constante aplicación, cualidades que le hicieron, más tarde, brillar también en la Universidad. Es todo cuanto sabemos de esa primera etapa de su vida, que transcurrió, seguramente, con el ritmo sosegado y monótono que imprimía a Tarija su ambiente conventual, en la segunda mitad del siglo XIX Vencidos los seis años de humanidades en el Colegio Nacional San Luis, su anhelo de cultura y de adquirir una profesión, lo lleva a Sucre, donde ingresa a la Universidad Mayor de San Francisco Xavier, que atrae, con su secular prestigio, a todos los bachilleres tarijeños. En 1876 se recibe de abogado, coronando así toda una serie de sacrificios que se impuso en aras de su vocación, pues no poseyendo bienes de fortuna gran parte de su tiempo tuvo que dedicarlo a la lucha por la vida, robando horas al sueño, a copiar en las noches, los textos de estudio que le prestan sus compañeros, según solía él, más tarde contar a sus amigos De Sucre se traslada a Camargo donde se entrega al ejercicio de la profesión, pero, sus inclinaciones a la docencia se imponen cada día con más fuerza a su espíritu y no tarda en fundar un establecimiento de secundaria al que bautiza con el nombre de Liceo Porvenir, exteriorizando así su invariable convencimiento de que el porvenir de la patria debía cifrarse, por encima de todo, en la educación. Se siente feliz pensando en el aporte que hará a la cultura y al progreso del país con ese hogar espiritual donde las jóvenes generaciones podrán adquirir los conocimientos humanísticos y prepararse para la Universidad y para la vida; pero, muy pronto tiene que abandonarlo todo, pues ha estallado la guerra del Pacífico y él se apresura a cumplir el deber patrio con la plenitud de decisión y de fervor que suele poner en todo lo que hace. Forma el escuadrón Camargo con los profesores y alumnos del curso, y como segundo comandante de aquél concurre a la campaña. El desenlace de ésta, desastroso para Bolivia, amargó su corazón, pero afirmó, sin duda, su resolución de consagrarse a la enseñanza pensando en que ella trasformaría, andando el tiempo, las condiciones adversas en que nuestro país tuvo que afrontar al enemigo. De regreso a Camargo, reanuda, en su Liceo, con renovado entusiasmo, sus actividades docentes. Sin embargo, poco después, busca para ellas y para su propio desenvolvimiento intelectual, más amplios horizontes, y se traslada a Potosí. Allí, al lado de un selecto grupo de hombres de estudio, se ocupa activamente de la educación primaria, en cuyo terreno recoge observaciones y experiencias que le servirán más tarde para emprender, desde el Ministerio de Instrucción, las grandes reformas que han de consagrarlo como a un verdadero pionero de la educación boliviana. Funda el periódico El Tiempo que le brinda la oportunidad de difundir sus ideales y que pronto descuella, entre los órganos de la prensa nacional, como una tribuna de civismo, de honradez y de cultura. La conducta siempre rectilínea dé Saracho, la ponderación de su criterio, la serenidad y firmeza de su carácter, en una palabra, los altos quilates de su personalidad, acrecientan rápidamente su prestigio en un pueblo, que sin ser el suyo, lo rodea de sus simpatías y le tributa el reconocimiento de sus méritos. Elegido munícipe, Su labor edilicia fue tan eficiente que en varios períodos fue, nuevamente, llevado a la comuna. Designado Director del Colegio Pichincha acepta gustoso el cargo encontrando en él otra oportunidad preciosa para ahondar su experiencia sobre educación secundaria. Designado Rector de la Universidad, la organiza y logra hacer de ella una entidad señera del progreso cultural y un verdadero foco de inquietudes espirituales. Posteriormente, el pueblo potosino lo elige su representante a la Convención Nacional que se reunió en Oruro en 1899, en la que Saracho se inicia con brillo en las lides parlamentarias, revelándose, sobre todo, como un expositor talentoso y convincente. Elegido senador por Tarija, en 1904, a poco de incorporarse a la Alta Cámara, deja su asiento del Senado para asumir las funciones de Ministro de Instrucción Pública y Justicia, bajo la presidencia de Montes. Luego, durante la administración de éste y de Villazón, desempeñará las carteras de Gobierno y Fomento y de Relaciones Exteriores y Culto. Elegido segundo vicepresidente en 1909, tócole asumir transitoriamente la Presidencia provisoria de la Nación. En 1913, es elegido primer vicepresidente de la República, en cuya virtud le correspondió ocupar la presidencia del Senado, donde puso en evidencia su talento, su sagacidad y su tino extraordinario en la conducción de los debates. Proclamado candidato a la Presidencia de la República por el período de cuando el reconocimiento unánime de sus virtudes, su prestigio de estadista y la popularidad que rodeaba su nombre en todos los distritos, hacían augurarle un triunfo rotundo en las urnas, la muerte vino a tronchar las esperanzas nacionales, sorprendiéndolo en la ciudad de Tupiza el 14 de octubre de 1915, mientras viajaba a Buenos Aires. Esta cruel jugada del destino privó a Tarija de uno de sus hijos más conspicuos y a Bolivia de un mandatario que habría sido, seguramente, uno de los más eminentes de su historia. Es principalmente en la cartera de Instrucción Pública donde la figura de Saracho cobró mayor relieve, pues pocas veces la ocupó, en nuestro país, una mentalidad tan robusta, animada de un fervor patriótico tan sincero y de un anhelo tan hondo de resolver el problema educativo. Nadie, tal vez, antes de él había meditado tanto sobre ese problema hasta hacerlo su preocupación constante, una especie de obsesión fecunda a la que nada podía sustraerlo y que parecería constituir la razón misma de su existencia. Ágil en el pensar, pero cauteloso y metódico en la acción, jamás se precipita en la realización de sus proyectos, sino que, paso a paso, va ejecutando lo que en largas vigilias ha planeado minuciosamente. Dotado de una disciplina mental poco común y entregado al estudio y a la lectura con avidez incesante, bebió en todas las fuentes los conocimientos que habría de utilizar para cumplir la gran misión que se había impuesto; pero también hizo acopio de la experiencia necesaria, que lo preservaría de las divagaciones teóricas, de los utopistas estériles, de los impulsos inocuos, que se malogran y se desvanecen en la realidad. Contrasta el ritmo pausado que caracteriza a la reforma emprendida por él con la impaciente ligereza con que, en diversas épocas, se realizaron otras reformas educativas, de tan escasa vitalidad y consistencia, que pasaron fugazmente sin dejar huella alguna duradera. Empieza Saracho por reunir todos los datos a su alcance: analiza, compara, discrimina, para tener una visión clara de las fallas y deficiencias que, por entonces, aquejan al desenvolvimiento de la educación boliviana. Luego, convencido de que, principalmente faltan en Bolivia verdaderos pedagogos, piensa que sólo podría conseguirlos enviando a Europa grupos selectos de jóvenes que se empapen de la ciencia pedagógica y regresen luego a servir en el magisterio nacional; destaca al viejo Continente una comisión, encabezada por Daniel Bustamante, encargada de estudiar los sistemas de enseñanza allí usados y cuyo informe serviría para la reforma que se propone; contrata pedagogos extranjeros para las escuelas y colegios del país; todo lo cual no le impide fundar, al mismo tiempo, nuevas escuelas importar material didáctico, fomentar la enseñanza rural y proyectar la primera Ley de Educación Indigenal. Finalmente, se dicta el Plan General de Educación que es aprobado por la legislatura de Culmina así una larga serie de esfuerzos tesoneros para cimentar sobre nuevas bases la educación boliviana; pero la fecundidad de su propósito aún da margen para ir más allá de la obra realizada, y uno de sus mejores discípulos y colaboradores, precisamente Sánchez Bustamante que le sucede en el Ministerio, se encarga de completar esa obra fundando la Escuela Normal de Sucre, de la que se hace cargo la misión belga encabezada por Georges Rouma. En torno a la obra de Saracho se han suscitado ardientes debates y apasionadas polémicas. Sus impugnadores le han reprochado lo que ellos llamaron su extranjerismo o sea el afán de buscar en otros países que no guardan similitud alguna con el nuestro, sistemas ajenos a la idiosincrasia del pueblo, a las necesidades del ambiente, en una palabra, a la realidad boliviana. Naturalmente, la obra de Saracho no podía ser perfecta, siendo humana, pero es necesario situarse en la época en que a él le toca actuar y comparar esa actuación con la de muchos otros de sus contemporáneos y predecesores para aquilatar en su justo valor el avance enorme que significaron sus realizaciones en materia de educación. Claro está que luego vendrá el filósofo de la educación boliviana, el gran Tamayo, que señalará rumbos quizá definitivos a la teoría educativa, pero nada podrá menoscabar la importancia de lo que nos legó el gran realizador que fue Saracho; prueba de ello es que, pese a la versatilidad de nuestro país en el aspecto educativo, muchas de las reformas introducidas por él se mantienen vigentes en la actualidad. Su obra ha resistido al tiempo y a las pasiones políticas. El hecho de que el mismo Tamayo se haya educado en Europa y haya bebido gran parte de su saber en la Sorbona, antes de darnos, a su regreso a Bolivia, su magnífica Creación de la Pedagogía Nacional, parecería, hasta cierto punto, justificar la tesis de Saracho relativa al envío de jóvenes intelectuales a Europa. Por otra parte, la tendencia que irrumpe con Tamayo de crear una pedagogía nacional, de acuerdo con nuestras características raciales, con nuestros gustos y costumbres, puede considerarse como una consecuencia dialéctica de aquella tesis sustentada por Saracho. Sin ésta, no habríamos, tal vez, tenido aquélla. De todo lo dicho podemos desprender que la figura del gran tarijeño está destinada a perpetuarse en nuestra historia como una de las preclaras de la República; y los fundadores de esta Universidad tuvimos una feliz inspiración al bautizarla con su nombre para cobijarla, como dije en otra oportunidad, bajo la sombra tutelar del que fue un maestro en la plenitud de la palabra, un patriota en la acepción más pura del vocablo, un estadista dotado de una clara visión de la realidad, un político honrado, austero, de corte estoniano, cuya integridad moral jamás se mancilló en las deformaciones de la democracia criolla, un espíritu sereno, ponderoso, vigoroso, ajeno al verbalismo y a los afanes retóricos, pero empeñoso en la acción y constante en la persecución de sus ideales sobre todo un gran Ministro de Instrucción que, al afrontar los sistemas de enseñanza abrió nuevos derroteros a la educación boliviana convencido de que sólo preparando a las nuevas generaciones para las responsabilidades del ciudadano, es posible afianzar las conquistas democráticas de los pueblos, y acelerar su desenvolvimiento espiritual y material, cimentando sobre bases firmes el orden, la libertad y la justicia. Por todo eso y porque fue tarijeño de nacimiento y de corazón, en quien se conjugaron las mejores virtudes de la raza Tarija se enorgullece de haber mecido su cuna y nosotros los de la Universidad Juan Misael Saracho buscamos en su recuerdo el ejemplo y la guía que iluminen nuestros pasos en la noble labor en que estamos empeñados.

4 4 Cántaro EL EXPLORADOR J. CREVA POR: SANTIAG (Primera Hay una poderosa tendencia en el espíritu humano a mantener vivos y palpitantes en medio de las devastaciones del tiempo, todos los esfuerzos generosos que se ligan con el destino de las sociedades y que la muerte intenta detener en su carrera. Manifestación de los afectos del alma; del egoísmo, en la lucha por la existencia, o expresión de la gratitud de los pueblos, hay una ley solidaria entre el pasado, que es la experiencia dolorosa, y el porvenir que es la luz de la esperanza alumbrando lo desconocido. Desde Valerio Publicóla, que levanta la voz conmovida en el Forum para rendir homenaje a las virtudes de Brutus, la palabra, menos consistente que el ala del insecto, ha perpetuado ilesas a través de los siglos las grandes figuras que marcan en el tiempo la inmensa labor del perfeccionamiento humano. La débil nota vocal, las endebles tablinum depositarías de la historia de los quirites, la frágil hoja que guarda el signo escrito, han resistido más que el duro mármol destinado a inmortalizar un nombre o a perpetuar una idea. Roma, el cerebro del mundo antiguo, exaltando las virtudes del patriciado, colmando de elogio el valor de sus guerreros, acogiendo como la palabra de la revelación divina las doctrinas de sus filósofos, enseña el culto de lo grande y hace de sus muertos dioses tutelares del honor, del valor y de la gloria de la patria. Los pueblos latinos conservando el viejo rito, hacen hoy de la obra del que cae el programa para lo venidero, como si por esa vinculación pretendiesen burlar la limitación de los días concedidos a la criatura humana y se propusiesen absorber todas las nobles fatigas del espíritu. Del labio de Littré se recoge anhelosa la última palabra reveladora, y en la turbia mirada de Bernard se intenta alcanzar el postrer pensamiento que ilumina. Diríase que nuestras sociedades modernas en la lucha con lo desconocido intentan atesorar, avaras de la verdad, hasta el más impalpable átomo de la labor del esfuerzo humano. Cuando en la Academia queda vacío el sitial que ennobleciera el sabio, le reemplaza un nuevo obrero y al penetrar entre los escogidos del arte o de la ciencia, el recién venido resucita al caído perpetuándole en la forma imperecedera del lenguaje que modela las indefinidas líneas de su espíritu, y levanta la doctrina que parecía haberse sepultado entre el polvo del sudario. Nosotros no poseemos el cenáculo, pero la asociación privada se ha impuesto la misión que debiera llenar la Academia científica. Esta reunión es elocuente testimonio de ello. La Sociedad Geográfica Argentina ha querido rendir el debido homenaje al distinguido explorador que acaba de sucumbir en las márgenes del rio Pilcomayo y ser la primera en recoger los anhelos de la ilustre víctima para consumar la fecunda obra que se propuso realizar en bien de la concordia y la prosperidad de tres pueblos. Sabedor este Centro de que yo poseía algunos datos y estudios sobre esa trascendental empresa, se ha dignado encomendarme la tarea de exponer los antecedentes de ella, dar a conocer su importancia, los resultados que está llamada a producir, y finalmente, historiar las exploraciones que el justamente deplorado viajero Julio Crevaux, había realizado en provecho de la ciencia en diversos Estados de la América Meridional. He aceptado este encargo, superior a la limitación de mis medios, en el deseo de contribuir a la realización del pensamiento que no ha logrado alcanzar el sabio francés, anhelando aunar mi voluntad a la manifestación que esta Sociedad hace hoy en respeto a la memoria de aquel. Espero que la sinceridad del propósito haga disculpar, en lo que a mí concierne, la imperfección de la obra que me ha sido encomendada. Antes de exponer las circunstancias que indujeron al explorador Crevaux a estudiar el curso del rio Pilcomayo y reseñar el lamentable suceso de su victimación, conviene formarse una idea clara de las condiciones geográficas e importancia económica de ese extenso canal. Sea, pues, este el primer cuadro de la presente relación. I EXPLORACIONES REALIZADAS EN EL PILCOMAYO A 1863 Una de las regiones que desde el descubrimiento del Río de la Plata y sus afluentes se ha tentado conocer y dominar con bastante empeño, ha sido la que se extiende desde las cabeceras del Guaporé hasta el Bermejo y que se halla encerrada entre las últimas declinaciones de los Andes Orientales y el rio Paraguay. Dos elementos contrarios, propios de la época, se encontraron en el trascurso de dos siglos en esa feracísima latitud: los conquistadores y los misioneros. Aquellos se lanzaban al desierto con un puñado de hombres y desafiando la inclemencia del suelo y las densas multitudes de la barbarie, recorrían el territorio tranquilamente como señores a cuyos pies debían doblegarse la naturaleza del trópico y el aborigen. Espíritus avezados al peligro, los conquistadores españoles hicieron de la virtud rara del heroísmo, un hábito inseparable del soldado, y como si tuviesen la creencia de que de sus cenizas debían surgir generaciones herederas de su arrojo y sus dotes caballerescas, miraban con la sonrisa en los labios acercarse la muerte hasta ellos, en medio de las soledades del desierto. Empero, los conquistadores no eran aptos para dominar el robusto suelo tropical; poetas y espadachines, eran demasiado orgullosos para inclinar la cerviz y rasgar con el arado el fecundo seno de la zona tórrida ; por eso desdeñaron la pródiga llanura y fueron a recoger del pié de la montaña caudales de oro con que satisfacer sus caprichos de príncipe y celebrar en opulenta fiesta sus ruidosas aventuras. El trópico demandaba la ruda mano del pionnier y ofrecía escasas recompensas; la montaña, en cambio, podía ser sangrada por el brazo de la raza conquistada y prodigaba la fortuna en inagotable vaso. La elección no fue dudosa ; los dominadores de América asentaron sus tiendas sobre cumbres de plata y abandonaron la fecundidad del llano tropical a la barbarie y a los misioneros. Los Jesuitas, primeros evangelizadores establecidos en América, aceptaron el legado esperando que las expansiones de las razas de la llanura sofocarían a los potentados de la montaña. Más hábiles que sus bravos

5 Cántaro 5 UX Y EL RÍO PILCOMAYO O V. GUZMÁN parte) competidores, en vez de destruir, hicieron suyas y procuraron la multiplicación de las tribus que se sometían a su invisible despotismo, y a imitación de la política incásica sometieron a su dominio con las armas de la bondad y la persuasión la vasta zona donde crece espontáneo el algodón, se yergue la caña de azúcar y viven en intimidad las blancas flores del café con los capullos de púrpura del tabaco. Aquella perseverante conquista, que antes de llegar a su robustez revelaba una musculación hercúlea, turbó el sueño de los dominadores de sable. La escrupulosa mano del misionero había tenido tacto bastante para injerir en el cerebro de la numerosa grey un tenue rayo de luz, suficiente apenas para atestiguar que dentro de aquella figura sumisa, de cuyas manos acababa de caer la salvaje flecha, existía un alma humana embotada por la humillación que degenera en la servilidad!cuán fecunda habría sido para la civilización de América esa conquista!, en la cual, como dice Montesquieu, los Jesuitas supieron hermanar la idea de religión con la de humanidad, si a medida del ferviente celo los propósitos hubiesen sido más legítimos. Fue buscando los medios de extender sus reducciones y de ligar más fácilmente las misiones de Chiquitos con las del Paraguay, que los Jesuitas tentaron la navegación del rio Pilcomayo. Dos han sido las exploraciones que con este objeto llevaron a cabo en el siglo pasado; la una realizada en 1721 por el Padre Patiño, y la otra efectuada en 1741 por el padre Castañares, natural de la ciudad de Salta. Para llevar a cabo la expedición del Padre Patiño se combinó una triple exploración; una comitiva debía salir de la ciudad de Tucumán, la otra de Chiquitos, reuniéndose ambas en el Pilcomayo, con la de aquel a quien se encargó remontar el rio. El personal que acompañaba al jefe de la exploración fluvial constaba de sesenta indios, cuatro misioneros, seis españoles y un sargento mayor. Del diario de la expedición, aparece que remontaron cuatrocientas setenta y una leguas y media en tres meses y diez días (del 20 de Agosto al 1 de Diciembre), haciéndose la navegación en un buque grande y varios botes. Después de recorridas noventa y tres leguas y media, la embarcación mayor y parte de la tripulación quedó detenida en un pequeño rápido formado de greda untuosa y resbaladiza que las corrientes de las aguas no pueden gastar y que se levanta sobre el nivel normal del lecho del río en el punto donde se divide en dos brazos. Patiño acompañado del padre Niebla, tres españoles y treinta y cuatro indios prosiguió su viaje hasta llegar al territorio de los Tobas, en el cual a solicitud de estos, desembarca y visita sus lancherías, no sin tomar antes bastantes precauciones para contrarrestar cualesquiera alevosía de la traidora tribu. Las indias que vinieron a verme, dice Patiño en su diario, eran blancas como españolas y de hermosos rostros. La tripulación siguiendo las órdenes del Padre, considerando asegurada la paz con sus huéspedes, trata de cortar algunos palos para hacer una cruz; inmediatamente los indios rodean a los obreros, matan a uno de ellos, se apoderan de otro, y los demás se abren paso entre sus sitiadores con sus hachas hasta llegar a los botes. Después de una sostenida refriega con los bárbaros, que se arrojan al agua para impedir el descenso de las canoas, estas vencen el obstáculo merced a las armas de fuego de los tripulantes y descienden apresuradamente el rio, navegando durante el día y la noche hasta encontrar el resto del personal de la expedición. Así terminó, estorbada por los Tobas, la primera exploración del Pilcomayo, si bien menos funestamente que la última que acaba de hacer fracasar la misma tribu. El viaje del Padre Patiño adolece de no pocas inexactitudes y exageraciones, siendo una de ellas la relativa a la distancia que expresa haber recorrido, por la cual se da al Pilcomayo una extensión tan vasta como la de los ríos de primer orden, el Plata o el Misissippi (1). Veinte años después (1741), el padre Castañares realizó otra expedición remontando el brazo inferior, o sea el más austral del rio. La travesía duró ochenta y tres días, la mayor parte de los cuales la comitiva se detuvo en diversos puntos. Si se toma en consideración que para remontar algo más de una legua los expedicionarios emplearon seis días, haciéndose la ascensión a fuerza de remo y contra la corriente, es fácil colegir que la extensión recorrida por Castañares no fue de más de treinta o cuarenta leguas. En este supuesto, muy admisible, me inclino a creer que la detención de sus embarcaciones por falta de agua, tuvo por causa ser el brazo austral del Pilcomayo una ramificación de la corriente principal, de menor caudal de agua. La exploración de Castañares, tiene, no obstante, el mérito de haber penetrado primero por el brazo superior del río y después por el inferior, habiendo levantado el croquis más importante y exacto de las regiones recorridas, documento debido al padre Salvador Colon, cuyo original existía en el archivo del Colegio de San Ignacio de esta ciudad. Estas fueron las tentativas más notables realizadas en el pasado siglo. En 1844 el Gobierno boliviano interesado en poner en comunicación el interior de Bolivia con el Plata, encomendó la exploración del Pilcomayo al lugarteniente de marina Van Nivel. Esperábase que esta expedición daría resultados mejores que los obtenidos el año anterior por Rodríguez Magariños, quien, sin la competencia bastante, emprendió el descenso del rio en embarcaciones de extraordinario calado, las cuales zozobraron después de un pequeño trayecto. Van Nivel llevaba consigo cincuenta y seis soldados de línea, efectuando su viaje en una flotilla compuesta de tres piraguas y ocho canoas. Después de una travesía, que el explorador calculaba en trescientas ochenta y nueve leguas, recorridas en treinta y siete días, aserto desvirtuado por el viaje del padre Gianelly, la expedición retrocedió trayendo el poco lisonjero dato de que el rio se insumía en el seno del Chaco y perdía sus Recopilado por Juan Ticlla Siles aguas por evaporación. Aseveraba, también, el explorador haber abandonado el viaje a orillas del rio, no obstante considerarse próximo al Paraguay, por haber sido atacado por ochenta mil indios; lo cual prueba, que los cincuenta y seis expedicionarios eran muy valientes o el lugarteniente se había familiarizado con todas las hipérboles posibles. El viaje de Van Nivel, que no contribuyó en modo alguno a dar a conocer el curso del Pilcomayo y condiciones del territorio recorrido, llevó el desencanto a todos los ánimos. Para los geógrafos primero y para la generalidad después, el misterioso río moría absorbido por las arenas de Guilgorigota, como castigado por una mano vengativa por haber presenciado impasible consumarse no lejos de sus márgenes el sacrificio del capitán Andrés Manso. Desde entonces la geografía, aceptando a ojo cerrado la fábula, hace figurar al Pilcomayo muriendo de consunción en el desierto. Pero por mucho tiempo que pudiese mantenerse esta creencia, ella no podía ser eterna. Un misionero debía corregir la plana al lugar-teniente. En efecto, en 1863 el padre franciscano José Gianelly, nombrado por el Gobierno de Bolivia Pacificador de las tribus del Pilcomayo, emprendió la travesía del Chaco, siguiendo las orillas del rio. Escoltaban al padre cincuenta nacionales al mando del comandante Rivas, a los cuales iban agregados varios neófitos conocedores de aquellas regiones. Gianelly llegó hasta más abajo del punto que alcanzó Pasa a la Pág. 6

6 6 Cántaro Viene de la Pág. 5 Van Nivel; el trayecto recorrido medía sesenta y siete leguas, las cuales fueron salvadas en diez días. Después de un detenido estudio del lugar en que éste sepultaba al Pilcomayo, el misionero recogió la evidencia de que no solo el rio no se insume en los llanos, sino que corre por un canal susceptible de ser habilitado para la navegación; el cauce principal, en vez de seguir al sudeste, toma hacia el norte y después de formar un ángulo muy agudo vuelve a inclinarse en la dirección indicada. Las aguas se dilatan en este punto ocultando esa inflexión del río, verdadero laberinto susceptible de desconcertar a más de un precipitado explorador. El viaje del padre Gianelly a este respecto, no sólo ha arrojado bastante luz acerca de la hidrografía del Pilcomayo, sino que ha alentado de nuevo la esperanza y estimulado las tentativas que ahora se tratan de llevar a cabo. La expedición de Gianelly, que había sido obstinadamente seguida de lejos por los Tobas en actitud hostil, retrocedió del punto de Yuquirenda, en el territorio de los Chorotis, habiendo grabado cruces en los troncos de tres algarrobos, vestigio que algún día encontrarán los primeros exploradores que vuelvan a tocar esas regiones. Omito relacionar otras pequeñas expediciones realizadas en la boca septentrional del Pilcomayo, tanto por su ninguna importancia, cuanto porque nada nuevo han agregado a lo ya conocido. De esta reseña se infiere que el Pilcomayo ha sido recorrido en toda su extensión por dos misioneros: el padre Patiño que arribó por agua hasta la tribu de los Tobas, cercanas al departamento de Tarija, y por el Padre Gianelly, que pasando por el territorio de estas ha recorrido las dos terceras partes de la distancia que media entre el puerto de Magariños o Bella Esperanza y la corriente del rio Paraguay. II CONDICIONES GEOGRÁFICAS DEL PILCOMAYO Tres son las regiones que comprende en su curso el río Pilcomayo; la de sus fuentes, situada en la parte montañosa del territorio de Bolivia; la de su travesía por los llanos del Gran Chaco, y la de sus desagües en las costas bajas que terminan en el rio Paraguay. Prescindiendo de los afluentes secundarios que forman el alto Pilcomayo, propiamente dicho, en la región montañosa, la vena que lleva este nombre tiene nacimiento en los Andes orientales comprendidos en las serranías de Lípez, Chichas y Poopó (2). Este se reúne con el Cachimayo (a los 19 2o de latitud austral y oeste del meridiano de París), río que nace a poca distancia de Sucre (o Chuquisaca) en los valles de Yamparaez, Yurubamba y Quila-quila. Al unirse las dos corrientes, el nuevo y poderoso canal que forman toma el nombre de Chicha-pilcomayo, siendo susceptible de prestarse a la navegación de buques chatos a vapor, por lo menos en la época de las crecientes periódicas, esto es, durante seis meses en el año. La idea de la navegación en esta parte del rio ha sido conceptuada como una ilusión quimérica por los razonadores en quienes se han petrificado las viejas preocupaciones del atraso industrial de pasados tiempos. Todavía hay pesimistas que ignoran que bastan tres cuartas de agua para sustentar el más fecundo intercambio, y que un buque chato, movido por algunas libras de vapor, puede redimir de la opresión de muchas toneladas de carga a millares de sumisas acémilas. La navegación de los más secundarios ríos interiores de los Estados-Unidos y Francia ha demostrado que el progreso moderno camina a gran prisa por las acequias donde otros no encuentran agua bastante para lavarse las manos. Me alienta la esperanza de que los impulsos del progreso han de conducir el ligero cuters a las puertas de la capital de Bolivia para solaz de los turistas y provecho de mercaderes y traficantes. Después de atravesar el seno de fecundos valles, en una extensión aproximativa de sesenta leguas, el Chicha- Pilcomayo reúne sus aguas al Pilaya, que circunvala el departamento de Tarija (a los 20 o 15 de latitud austral y 65 o 15 oeste del meridiano de París), resbalando sobre arenas de oro que muchos las ponderan, todos las apetecen, y pocos las buscan. Desde este punto la declinación del suelo es menos violenta; el Pilcomayo corre sobre un plano inclinado poco sensible hasta salvar el salto de Guarapetendi, pequeña prominencia levantada en medio del rio a guisa de mojón divisorio entre los estrechos pliegues de las montañas y las extensas sábanas del Chaco. Al penetrar en la región de los llanos el curso del rio toma un carácter menos accidentado y fluye sin obstáculos hasta descender a la planicie más baja de la llanura, en la cual sus aguas se dilatan en las crecientes formando varios arroyos que desaparecen en la época de la bajante. Dos son los principales canales que dan curso a sus aguas en esta región; el brazo normal y más importante en vez de seguir hacia el S. E. (que es el rumbo general de la corriente) se dirige al Norte y después de formar un ángulo muy agudo vuelven a tomar la dirección indicada. El otro brazo de menor importancia (y que según algunos se une al anterior después de un divorcio de veinte y cinco leguas), sirve de desagüe en las crecientes, siendo generalmente abandonado por las aguas después de estas. El ángulo del brazo principal, según lo observa el P. Gianelly en el diario de su expedición, es demasiado agudo para que las aguas de las grandes avenidas puedan de una manera brusca salvar inflexión tan violenta sin desbordarse en todas direcciones hasta chocaren los sólidos bordes del gran lecho del río que las contiene, y formar así los bañados y lagunas que existen en este punto, los cuales y no el rio se secan en los fuertes veranos. Cuando Van Nivel arribó a este punto (1844), sin detenerse a estudiar el cauce del rio, envuelto en el laberinto que forman los rebalses, no atinó a dar con el curso regular, y retrocedió trayendo la mala nueva de la pérdida del Pilcomayo por inmersión. Conviene advertir que según Opinión uniforme de cuantos conocen el curso del Pilcomayo, desde el Salto de Guarapetendi hasta este punto, el rio es susceptible de navegación; en el lugar de los derrames y en una extensión de veinte varas, la profundidad sólo alcanza en la época de secas a tres cuartas, no bajando de cuatro pies en lo restante de este trayecto. El P. Patiño observó, de acuerdo con esta misma circunstancia, que el Pilcomayo se halla cortado en algunos puntos por vetas de arcilla que levantándose sobre el nivel regular del lecho del rio y abarcando una extensión de cuatro a ocho varas, forman rápidos algo violentos que estorban la navegación de buques de mucho calado. Desde luego, estas vetas se hallan amenazadas por la cuchilla de la draga para que se dejen de incomodar el día que el Pilcomayo abandonando la tradición mitológica pase a hacerse un rio positivista. Es digno de observarse que las tribus de los Tobas y Mataguayos, como si conociesen la trampa que encubren las aguas en este punto para burlarse de exploradores inexperimentados, hubiesen sentado sus reales a sus orillas, utilizando esta formación especial como medio estratégico contra los que intentan poner el pie en sus dominios. Salvada la pequeña zona de los derrames, las aguas siguen un curso regular y uniforme hasta el punto en que se separan en dos brazos; esa separación está marcada por un rápido llamado Salto del P. Patiño, por ser el punto donde se detuvo la embarcación mayor de las que formaban el convoy de la expedición que realizó este misionero. El brazo superior, que lleva los nombres de Pilcomayo, Itica o Araguay guazú (Grande Araguay), después de seguir un curso sumamente tortuoso, al aproximarse a la región mesopotámica o de las costas, desemboca en el rio Paraguay frente al cerro de Lambaré, a dos millas de la Asunción. El brazo inferior, llamado Araguay mini (Araguay chico), de idénticas condiciones al anterior, aunque de menor caudal de agua, se inclina más al sud y desemboca frente a la Angostura a nueve leguas de la capital citada. De este modo los dos brazos al desembocar en el Paraguay forman un triángulo cuya base es de nueve leguas, y cuya altura se calcula en setenta hasta su vértice. Este triángulo ha sido llamado isla del P. Patiño en memoria al primer explorador que remontó el Pilcomayo, su suelo es bajo e inundadizo, sobre todo en las costas más próximas al rio Paraguay. Del brazo inferior o austral, a su vez, se separa otro pequeño canal al cual se le ha considerado como otra de las bocas del Pilcomayo por el P. Quiroga, quien estudió todos los puntos de desagüe del rio. Hasta poco después de la exploración realizada por Azara, el rio Confuso, situado al norte del brazo principal, a ocho leguas de la ciudad de la Asunción, se creía que comunicaba con el Pilcomayo, siendo uno de sus ramales; pero exploraciones realizadas casi hasta sus vertientes por los explotadores de madera (obrajeros) han hecho conocer que el Confuso no tiene contacto alguno, salvo en la época de las crecientes en la cual los rebalses del Pilcomayo se extienden hasta derramarse por el cauce de aquel. El Confuso ha dado margen a tantas confusiones, que ha habido geógrafo que para no equivocarse ha creado en una de sus cartas dos ríos de este mismo nombre, uno que corre al norte del brazo superior del Pilcomayo y otro al sud del brazo inferior. De este modo existen Confusos geográficos para todos los gustos. La profundidad del Pilcomayo hasta el punto en que se divide en dos brazos varía entre siete y cinco metros; en la región media, entre dos y tres, salvo los pequeños trayectos cruzados por las vetas de arcilla en los cuales alcanza a uno. Actualmente la navegación es entorpecida por multitud de troncos de árboles caídos en su lecho y cuya extracción no ofrece mayores dificultades. (1) Según consigna el P. Patiño en su diario, recorrió hasta la región habitada por los Tobas, que se encuentra a las cincuenta leguas de San Francisco, cuatrocientas setenta y una leguas y media, pudiendo considerarse el trayecto que hizo como las dos terceras partes de la extensión navegable del Pilcomayo. Mientras tanto, la distancia que media entre la ciudad de Chuquisaca y la Asunción del Paraguay, extremos de toda la longitud de dicho rio, conforme a los datos recogidos por los Jesuitas, es la siguiente: De Chuquisaca a Pomabamba eguas De Pomabamba al valle del Piray De Piray a Caiza De Caiza a la Asuncion TOTAL leguas Ahora, suponiendo que las tortuosidades del rio aumenten su extensión en cincuenta leguas, tendría solo trescientas en todo su curso. Este cálculo demuestra la inexactitud de la distancia que Patiño expresa haber recorrido. S.V.G. (2) Para datos más extensos acerca de la geografía del Pilcomayo, remitimos al lector a nuestra obra publicada en 1880, bajo el título: Intereses comerciales entre Bolivia y el Plata, El Pilcomayo, en la cual se enumeran prolijamente los afluentes que dan origen a esta importante vena fluvial. S.V.G. Continuará...

7 Se suele decir que entre los poetas se encuentra a raros especímenes de la fauna literaria, con perdón de los aludidos sea dicha esta frase. Y ello, por qué? Por el vestuario, el tren de vida que llevan o, sencillamente, el modo de ser de los amantes de la luna y la bohemia. En el caso que nos ocupa, una o más razones debieron existir en su vida. Usaba monóculo cuando nadie ni conocía este artefacto, era solterón, asiduo bebedor que en lugar de usar loción yardley olía a whisky, sin llegar a sorber el agua de los floreros, y confeso admirador de las birlochas, según escribe Paulovich en su simpático libro titulado Apariencias, lo mejor de su vasta producción a juicio nuestro. Hace muchos años atrás, siendo muy joven, tuve la ocasión de leer un libro de poesía juguetona, sencilla como el devenir de aquellos días sin cargas ni fardos de pena, abandono, o desamor. La Editorial Renacimiento, en 1957, lanzó a la venta los Epitafios a los que viven, firmados por Pietro Sintini, de extraño aroma y profundidad permeable a las almas sensibles; obra que leí en la década de los años 60 del pasado siglo, en la que el autor sostiene: Epitafio: historia corta de una vida larga que no valía la pena. El marmolista gana. Y la temática de este poemario de un extranjero, avecindado durante muchos años en la ciudad de La Paz, al punto de ser considerado y considerarse él mismo- natural de la urbe altiplánica, es variopinta y grata a la fácil lectura. Sobre el Estado de sitio, figura constitucional que restringe el marco de garantías y derechos ciudadanos, el poeta lacónicamente apunta: Es raro que lo llamen estado de sitio si no hay sitio donde estar. El vate tarijeño Roberto Echazú Navajas en un trabajo dedicado a su hijo Humberto Esteban, poemario publicado en 1994, manifiesta: Aprende hijo la vejez es el estado de sitio del alma. Pero vuelvo a la poesía de Pietro el romano apaceñizado, quien a tiempo de pedir conversar sin palabras, Cántaro 7 EVOCACIÓN DE UN POETA solemnidad alguna ni testigos, ni luz mundana, manifiesta: Quiero hablar con alguien sin proferir palabra. Además quiero hablar a oscuras. Quiero estar lejos de mi interlocutor para hacerme entender. Quiero algo así: Conversar con Dios. Y para compungir el corazón del lector asequible a los mensajes poéticos, muchas veces no bien comprendidos por la forma o alcance de los mismos, Sintini narra una historia verosímil: La pelota de goma yacía muerta en la calle. Fue una muerte sin flores, sin cortejo, sin palabras de adiós. Un niño, sólo un niño lloraba por ella. De verdad lloraba el niño. Fue la despedida más bella. Heberto Arduz Ruiz Pietro Sintini un día del que no se tiene memoria marchó lejos, al más allá. A quienes aún no partieron y habitan este mundo, esta Viña del Señor según un escritor, el poeta deja un mensaje de paz, concordia y optimismo para saber vivir la cotidianeidad, de la que fue un ferviente y rendido admirador. Ah, la vida! Quién volviera a vivir! Loado sea tu nombre poeta-cantor de los arrabales existenciales. CONCIERTO DEL ENSAMBLE MOXOS EN MADRID Ma. Teresa Rivera de Stahlie La Embajada de Bolivia en Madrid invitó al concierto del Ensamble Moxos, procedente de la región de Moxos en el Departamento de Beni, Bolivia, que dirige Raquel Maldonado, concierto que tuvo lugar el pasado viernes 6 de abril en la Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced. En su gira europea que arrancó con su concierto en Madrid, este eximio grupo musical visitará pueblos y ciudades con un atractivo programa de música sacra. En total ofrecerán unos 80 conciertos y su ambiciosa gira concluirá en la ciudad de Fez, importante centro religioso (islam) y cultural en Marruecos. Los más de treinta componentes del Ensamble Moxos son instrumentistas, cantantes y bailarines dedicados principalmente a la interpretación de la Música del Renacimiento y Barroco bolivianos, música de los archivos misionales de Moxos y Chiquitos (Santa Cruz), sin descuidar la música tradicional de esas vastas regiones de Bolivia, ricas en tradiciones y folklore. Su programa de concierto en Madrid estuvo dedicado a la Semana Santa, con un Canto Procesional para el Domingo de Ramos (anónimo tradicional), Cantos penitenciales para el Jueves Santo, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Anónimo del Siglo XVIII y Kyrie, Gloria y Sanctus de la Misa de Resurrección para el Sábado Santo. La última parte del programa estuvo dedicada a músicas tradicionales (autores anónimos) para la Procesión del Encuentro del Domingo de Resurrección. En estos últimos temas es cuando los bailarines lucieron sendos atuendos y tocados en las danzas de Macheteros y el Carnavalito. La constante labor de investigación que realizan Raquel Maldonado y Toño Puerta ha dado como resultado el descubrimiento de las partituras de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (autor anónimo, Siglo XVIII) obra para coro y soprano y tenor solistas, cantada en Latín, que han llevado al disco con el título de Pasión Moxos. Explican las notas de este CD que la Pasión del Archivo Misional de Moxos ya se había editado e interpretado pero que la obra no estaba completa hasta el hallazgo de las partes que faltaban. La incansable labor de estudio e investigación por parte de Raquel Maldonado y Toño Puerta ha hecho posible rescatar no sólo esta magnífica obra, sino también un sinnúmero de otras composiciones musicales Con el mismo ímpetu y entusiasmo con que interpretan la música sacra, los músicos abordan la música tradicional y sus directores trabajan en estrecha colaboración con los músicos del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Secure (TIPNIS), compartiendo con ellos sus conocimientos académicos y su amplia experiencia musical e interpretativa. No es la primera vez que este joven grupo musical de gran versatilidad visita Madrid. En años anteriores tuvimos la suerte de escucharles y gozar de un espectáculo que trasciende los límites del Renacimiento y Barroco para remontarnos al corazón de la selva boliviana. Loable su música, loable su misión. Madrid, abril de 2018

8 8 Cántaro Paisaje bajando la Falda la Queñua (Fotografía: Ricardo Ávila Castellanos Romance primaveral Pasa la ronda de días, largos, risueños, dorados, salpicando de colores los aires inmaculados... Oscar Alfaro Suelta la lluvia sus hilos suaves, limpios y claros, que se convierten en notas al chocar con los tejados... El viento canta a lo lejos los madrigales del campo, y de las cuerdas del aire vuela un concierto de pájaros. Y como flores del tiempo, revientan sobre los campos los días de primavera, largos, risueños, dorados... Hasta las flores parece que dicen versos pintados: de verde, rosado y guindo; de rojo, celeste y blanco.